España 2011
|  | Desde Madrid y desde dentro
Un acontecimiento como las Jornadas Mundiales de la Juventud puede ser leído desde muchos ángulos. Al realizarse este año en un país como España, hay que incluir también la perspectiva de la situación de la Iglesia y de la población local, y la historia de sus relaciones. Esto último ha sido subrayado por algunos medios, destacando la protesta de ciertos colectivos que o bien están radicalmente en contra de las posturas oficiales de la Iglesia en temas de orden moral, y aprovechan para manifestarlo, o están en contra de que un país o una ciudad tenga que acoger de manera pública y oficial un acontecimiento de esta índole, aunque se haya hecho con la aprobación del Parlamento y aunque su población se declare católica en un 75%. Por otro lado, por parte de la Iglesia, la concentración de casi un millón de jóvenes de todo el mundo, y la tribuna pública que esto posibilita, en torno a la figura del Papa, puede también hacer que nos quedemos en lo que más aparece exteriormente. Sin embargo, probablemente, lo más importante se juega en otros niveles.
Acompañando a un grupo de jóvenes franceses de diferentes barrios populares, en contacto con los Hijos de la Caridad, acogidos por la comunidad cristiana y jóvenes de un barrio popular de las afueras de Madrid (Leganés) donde igualmente trabajan los Hijos de la Caridad, me doy cuenta de la importancia de las experiencias humanas y espirituales que un acontecimiento así permiten hacer a jóvenes que no tienen muchas oportunidades de ello en su vida diaria. Esto es así si se prepara bien, si hay un trabajo personal y de grupo, y si hay personas con disponibilidad al servicio de esos jóvenes. Un ejemplo de lo que debería ser cada día del año. (...)
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