Cristo nuestra esperanza
Con la Pascua los cristianos proclaman una y otra vez
la victoria de la Vida sobre la muerte en la persona de Jesucristo, en su
Pasión, Muerte y Resurrección. Un acto de libertad y de amor que recubre el
universo por entero, como solo Dios podría hacerlo. Es la base de nuestra
esperanza. Es la respuesta de Dios al mundo, que en la resurrección de Cristo
nos dice que es la vida la que tiene la última palabra y no la injusticia, la
corrupción, la mentira o el odio.
La cruz sin
resurrección no tiene sentido. Pero la resurrección pasa por la cruz. El Señor
crucificado y Resucitado es “la clave,
el centro y el fin de toda historia humana.”
(Gaudium et Spes).
Cristo ha
penetrado con su muerte hasta el mismo infierno del sin sentido para llenarlo
de sentido. Dios no vacila en bajar hasta los infiernos para dar a la humanidad
la significación de la existencia, transformando el mal en bien, la muerte en
vida. Es esta fuerza de la vida y del bien que lleva a los cristianos a
comprometerse incluso a arriesgar su propia vida, sobre todo allí donde la vida
es destruida y amenazada.
Es verdad que
no podemos hablar de la alegría de la Pascua y del triunfo de la vida sobre la
muerte olvidando hoy las atrocidades de las guerras que destruyen vidas inocentes,
ya sea por conservar el poder, o por el dominio entre los cárteles de las
drogas, o bien por motivos tribales como en África y Siria.
Pero también
es verdad que existen pequeños signos de luz que hay que apoyar y hacer crecer:
como la de tantos cristianos y personas de buena voluntad que ayudan
desinteresadamente a los más necesitados y enfermos, o los gestos sociales que
buscan la reconciliación como en África y en Colombia, la solidaridad entre los
pobres, los movimientos en favor de la paz, la reconciliación y la justicia, etc.
Son signos que nos
invitan a seguir a Jesucristo que nos precede en Galilea. Sigamos los pasos del
Señor resucitado quien entregando su vida la recibe. Porque como dijo alguien, “lo
que no se dona se pierde”. Que sigamos dando con generosidad a semejanza del
maestro que pasó su vida haciendo el bien.
¡Señor tu que has
vencido la muerte por haber cumplido la voluntad de Dios tu Padre, ayúdanos a
ser testigos de vida y de resurrección en este mundo!
Bernardo Claireau,
fc
Última renovación: 07/05/2012

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